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Cine

Al buscar un ejemplo del arte en la publicidad encontré un vídeo que para mí (por mi afición al cine) ha dado lugar a una de las entradas más emotivas que he hecho hasta ahora. Se trata del anuncio de Freixenet del año 2007, dirigido por Martin Scorsese, La Clave Reserva (The Key to Reserva).

Os dejo el enlace, pues la versión de Youtube tiene censurado el volumen.

http://www.scorsesefilmfreixenet.com/video_esp.htm

Este anuncio es un homenaje al ‘maestro del suspense’, el gran director Alfred Hitchcock, del que soy una gran admiradora. Así aprovecho esta entrada también para hablar de una de mis hobbys, el cine.

Para hacer homenaje a Hitchcock, Scorsese hace referencia de una forma muy elegante y respetuosa a muchas de sus películas. Después de verlo numerosas veces y de investigar, os dejo con algunas de las más significativas, sobre todo para mí, pues son películas muy conocidas y que he visto, algunas de ellas incluso en varias ocasiones, como es el caso de Con la muerte en los talones, La ventana indiscreta y El hombre que sabía demasiado. Las nombraré por orden de aparición en el spot publicitario.

En primer lugar, los títulos de crédito ya son homenaje a Con la muerte en los talones (North by Northwest), como podéis ver en las siguientes imágenes.

El lugar en el que se desarrolla el anuncio es el mismo que el del concierto de la película El hombre que sabía demasiado, el Royal Albert Hall de Londres.

Asimismo, en esta misma película el protagonista, James Stewart, sube apresuradamente por las escaleras de este teatro, de la misma manera que lo hará Simon Baker en el anuncio.

Scorsese también hace referencia a la película Encadenados, pues en ambos una llave es el medio para conseguir la botella deseada.

Es curioso también cómo las iniciales sobre el pañuelo que emplea para desenroscar y romper la bombilla sean las mismas que las del de Cary Grant en Con la muerte en los talones, R.O.T.

Además, el modo en que intentan eliminar al protagonista recuerda al que tiene lugar con Grace Kelly en Crimen Perfecto.

Otro momento calcado de una película de Hitchcock, La ventana indiscreta, es el de la caída libre de un cuerpo. En ambos el individuo aparece en una posición muy similar.

El ‘TOP SECRET’ que aparece en el tapón de la botella hace referencia a la película antes mencionada Encadenados, pues en ambas la botella esconde un secreto.

Otro guiño es el personaje que aparece al final del spot, el detective, cuya imagen recuerda mucho a un personaje de Con la muerte en los talones.

Como referencia también a esta película, los protagonistas del spot recuerdan, por su caracterización y vestuario, a Cary Grant y Eva Marie Saint. En la escena del brindis se aprecia claramente esta analogía.

Como última referencia, quería hacer notar el gran homenaje que hace en las últimas escenas a La ventana indiscreta y a otro clásico del cine de Hitchcock, la película Los pájaros.

También quería mencionar que la música del anuncio es del compositor Bernard Herrmann, autor de las bandas sonoras de la mayoría de las películas de Hitchcock.

Por último, el guión del anuncio, simula que Scorsese se ha encontrado un guión por filmar de Hitchcock en el que falta una página, y que él se propone grabarlo respetando esa ausencia.

En resumen, creo que es un gran spot, como corresponde a un gran director, Martin Scorsese. ¡Espero que os guste!

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Después de la práctica fotográfica que llevamos a cabo en clase, escribí un comentario sobre la misma. Hoy quería dejaros un trozo del mismo para reflexionar un poco sobre el tema de la memoria (y a la vez os recomiendo un libro y una película maravillosos)

“Nada engaña más que los recuerdos. Es una frase extraordinaria que encontré en uno de mis libros favoritos, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Quizá es que hoy esté un poco filosófico, o tal vez el hecho de que ayer volví a ver Memento (increíble película que recomiendo altamente), pero me gustaría hablar un poco sobre la memoria desde mi humildísima perspectiva.

Cartel de la película “Memento”, de Christopher Nolan, año 2000

Mucho se ha escrito sobre los recuerdos y la mente, así que tampoco voy a estar descubriendo nada nuevo. Personalmente, lo que más me fascina de los recuerdos es hasta qué punto nos pueden engañar nuestros propios recuerdos. Es un tema recurrente tanto en el libro de Zafón, como en la película de Christopher Nolan, y me parece algo tremendamente inquietante.

El hecho de recordar algo, revivir un momento propio del pasado, parece un acto tremendamente objetivo en parte. Es como rebobinar una película hasta un punto exacto, y volver a vivir una escena, o varias, o toda la película entera. Pero no es así. El hecho de recordar implica una tremenda subjetividad, inherente a todo recuerdo y memoria que poseemos. Porque cada memoria dependerá de la manera en la que nuestro cerebro la ha almacenado, qué impacto tuvo en nuestras vidas, y qué impacto le hemos querido dar.

Los recuerdos son meras fantasías, espejismos de un pasado lejano, que nunca podremos volver a revivir; al menos no de la misma manera. Por eso, la memoria no es fiable, no es objetiva, nuestro cerebro no es una cinta de vídeo que podemos rebobinar o avanzar hasta donde queramos. No funcionamos así, gracias a Dios; no somos máquinas.

Portada de “La sombra del viento”, de Carlos Ruiz Zafón, año 2001

Así pues, cada memoria propia no es más que el resultado de un evento pasado al que hemos dotado de unas características que nosotros queríamos. Y esto es importantísimo en el día a día, pues el pasado nos afecta a todas horas. El que diga lo contrario miente. Cada vez que tomamos una decisión, rememoramos decisiones parecidas que tomamos en anteriores ocasiones, analizamos el pasado a través de recuerdos; pero ¿son éstos fiables? No son objetivos, eso ya lo tenemos claro, pero nadie ha dicho que no sean fiables. Es más, cuanto más subjetiva sea una memoria, más fiable puede ser para nosotros.

Porque ello implica que es un recuerdo que hemos revivido muchas veces, reinterpretado y analizado en muchas ocasiones. El pasado es tremendamente importante para nuestro presente, y por lo tanto para el futuro.”

En una nota aparte, quería decir que son dos obras increíbles que os recomiendo a todos, no sólo por estar relacionadas con el tema de la memoria, que me parece fascinante, pero por los otros muchísimos aspectos que abordan ambas de manera espectacular. Quería agradecer de corazón a lomographylife, que me recomendó Memento, lo que empujó de sobremanera mi interés por el maravilloso mundo del cine. Estoy seguro de que hay mil ejemplos más de obras que tratan este tema, e infinitos autores más duchos que yo en la materia. Os invito a que busquéis más sobre la memoria, yo lo seguiré haciendo.

Quería hacer una entrada exclusivamente para recomendaros la película de Salvador (Puig Antich). Está basada en la historia del joven idealista Salvador Puig Antich, miembro de un grupo de inspiración anarquista (MIL) que se embarca en una serie de atracos a fin de conseguir fondos para sus actividades de oposición a la dictadura. Acusado de matar a un guardia civil y juzgado por un tribunal militar, con numerosas irregularidades, es sentenciado a muerte. La película muestra los intentos desesperados de su familia, compañeros y abogados por evitar su ejecución.

Es, sin duda alguna, una de las películas más duras que he visto. Lo peor es el hecho de que los sucesos sean reales, que realmente hubo gente que murió por perseguir sus ideales e intentar hacer de éste un mundo mejor.

En 1974, mientras Salvador esperaba su ejecución y el mundo se movilizaba para conseguir su indulto, Joan Miró pintó la serie La esperanza del condenado a muerte.

“Es raro, pero a la vez significativo, que yo acabara aquella obra el mismo día que ejecutaron con el garrote a aquel pobre muchacho, Salvador Puig Antich. Terminé el cuadro el mismo día que lo mataron, sin yo saberlo: una línea negra sobre un fondo blanquecino, una línea negra como un hilo que alguien corta porque tiene la fuerza y ​​nada de piedad”. 

Joan Miró

(Imagen de la película “Doce hombres sin piedad”, 1957)

Un joven acusado de haber matado a su padre y doce miembros de un jurado encargados de decidir, por unanimidad, si llevarle a la silla eléctrica o si absolverle. Comienza la votación, en la que once están convencidos de su culpabilidad y sólo uno opta por el beneficio de la duda. Aparentemente estos votos son inamovibles, pero 12 personas pueden llegar a ver muchos detalles que un abogado puede pasar por alto.

Doce hombres sin piedad es un magnífico film de Sidney Lumet con el que se estrena en el mundo del cine. Alabado, sobre todo, por la brillante interpretación de Henry Fonda, así como la dirección. Pero en realidad son doce actuaciones increíbles.

Es una película cargada de sentido psicológico y sociológico. Hecha para reflexionar, para analizar cada personalidad en una misma situación.

(Escena de la película “Doce hombres sin piedad”, 1957)

Doce hombres: 1. El hombre común, sencillo, que nunca llega a destacar, pero al que todos respetan; 2. El tímido, sin personalidad, demasiado influenciable; 3. El intransigente y tozudo, acostumbrado a imponerse sobre el resto, y que como la mayoría de este carácter, esconde un sentimiento frustrado; 4. El que se encuentra en una posición económica alta, elegante, con cierto aire de superioridad, y aparentemente testarudo; 5. El hombre tímido y callado, que roza la excesiva humildad hasta el punto de dejarse pisar por el resto; 6. El trabajador y honesto que no soporta la falta de profesionalidad y seriedad; 7. El soberbio y granuja, que no es consciente de la responsabilidad que tiene su trabajo; 8. El analítico, racional, inteligente y luchador, con grandes valores sobre la vida y la justicia; 9. El anciano, con mucha experiencia y ganas de luchar por sus ideales; 10. El hombre amargado y frustrado con su vida, que paga su decepción con el resto; 11. El humilde dispuesto a dialogar con tal de llegar a la justicia, pero le falta decisión y firmeza; 12. El joven ingenioso y agradable, un buen tipo, aunque algo superficial.

Yo, sin lugar a dudas, me quedo con la inteligencia, la persistencia y el saber estar de Henry Fonda; y la simpatía y carisma de Joseph Sweeney.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: La punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Era Lo, sencillamente. Lo por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Así empieza una de mis novelas favoritas: Lolita, de Vladimir Nabokov. Es la razón de mi nick; Humbert Humbert es el protagonista de la novela, y un libro extremadamente recomendable. También extremadamente recomendables las dos versiones del libro que se han llevado a la gran pantalla; en el 1962 por el inigualable Stanley Kubrick; y en 1997 por Adrian Lyne. Disfrutad.

[…]

– ¿Sabe por qué quiero hacer teatro?

– Realmente tengo muchísimo interés en saber por qué has venido aquí.

– Se lo voy a decir… Quiero hacer teatro porque quiero hacer algo por mí y por los demás. Quiero hacer teatro porque creo que sirve para comunicarse entre los seres humanos. Porque creo que puede ser un camino hacia el entendimiento, y hacia la comprensión. Por eso.

– Así que quieres cambiar el mundo…

– Pues sí. Me encantaría cambiar este puto mundo.

Y creo que todavía se puede cambiar…

(Canción: Lucía, BSO Noviembre, 2003)

Alfredo Baeza (con “b”) es un joven idealista con ganas de luchar por un arte libre hecho con el corazón y olvidando el dinero. Trata así de formar un grupo de teatro para actuar en la calle, interactuar con el público, intentando que éste se implique. Por ello, a menudo utilizan la provocación cargada de denuncia social. Quiere cambiar el mundo…

… pero a veces (casi siempre) es el mundo el que te cambia a ti.

Sencilla y profunda, con una increíble banda sonora y una no menos importante reflexión sobre el arte, el compromiso social y la utopía, Achero Mañas consigue, a mi parecer, despertar las ganas de tomar parte del mundo.

Quizás algunos detalles le resten credibilidad, y es esto lo que es más criticado en este film.

Pero, ¿acaso no merece la pena tratar de darle veracidad…?