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Archivo del Autor: leydemurci

El otro día visité una exposición (también en el IVAM) que me resultó muy interesante. Es sobre el trabajo de Robert Morris, sobre la forma en que éste se expresa, a través del dibujo.

Robert Morris es un artista estadounidense encuadrado en la tradición del arte conceptual. Explora las múltiples relaciones existentes entre la obra, el artista, el público y el espacio circundante, con una especial atención al proceso mismo de creación de la obra, en el que tanto el espacio como los materiales empleados se transfiguran poéticamente. En la expresión artística recurre a la utilización de formas simples, por lo que cabe considerarlo como uno de los precursores del arte minimalista. Inicia su trayectoria en la pintura pero se traslada después al terreno de la performance, la escultura de objetos, los Earthworks (Land Art) y las instalaciones. Estuvo muy influenciado por Jackson Pollock.

Esta exposición define los dibujos de Morris como un conjunto autónomo de obras, un medio de expresión a la vez que un modo de estudiar detenidamente problemas personales y filosóficos en una especie de auto-investigación. La exposición se divide en secciones según los diferentes trabajos que ha llevado a cabo.

Land Art. Morris tiene una serie de Laberintos que considera esculturas por las que se puede caminar.

 

Earthworks. Robert Morris fue, junto con Robert Smithson, uno de los primeros artistas que utilizó la tierra como material para hacer obras específicas para una ubicación.

Rubbings (Frotamientos). Trabaja con impresiones de objetos de su estudio y, más tarde, con impresiones de su propio cuerpo.

 

Los desastres de la guerra. Basadas en Los desastres de la guerra de Goya.

Blind Time (Tiempo de ceguera). Estas obras la realiza con los ojos vendados. Una serie posterior (Grief), inspirada en los informes de tortura de Guantánamo, ilustra el intento del artista por acercarse al dolor de los prisioneros.

En cuanto al discurso expositivo, he de decir que no me agrada en absoluto que una de las paredes de la exposición sea roja. Bajo mi punto de vista, esto le quita “impacto” a la obra, a los dibujos, ya que la mirada queda embebida de este color, demasiado intenso para mi gusto. El resto de las paredes son blancas y lisas, lo que está bien. El suelo es de madera, lo que le da a la sala un aire acogedor, si bien un poco incómodo por el sonido que producen las pisadas de los visitantes. La luz es cálida, de un ligero tono amarillo, y enfoca directamente a las obras. Y, aunque no me encanta la manera en la que han enfocado la exposición (hay también muchas esquinas y recovecos), he de decir que no está descuidada.

En conclusión, decir que me ha parecido muy interesante ver cómo a través de los dibujos de una persona, puedes llegar a conocer una pequeña parte de ella. Y cómo son éstos capaces de expresar con tanta intensidad y claridad.

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Para la fotografía de interior he elegido una del British Museum, en Londres.

Es uno de los edificios cuyo interior me parece más impresionante. Sobre todo el Gran Atrio de la Reina Isabel II, que constituye el núcleo central del museo, y está diseñado por el estudio de Norman Foster. El Gran Atrio se ha convertido en la mayor plaza cubierta de Europa (90 x 70m). Pero, sin duda alguna, por lo que a mí me fascina este lugar es por el techo, formado por cristal y acero, y con una geometría típica en la obra de Foster.

Techo del Gran Atrio. Cristina Ruiz. 11/08/2011

Esta fotografía me parece muy sugerente por la geometría y el juego de transparencias y color del cielo.

Y aquí una fotografía más general del lugar, donde os podáis ubicar mejor los que no lo  hayáis visitado:

British Museum. Cristina Ruiz. 11/08/2011

Aprovechando esta entrada, quería incluir también una fotografía que he encontrado al buscar las del British Museum, entre las fotos de mi viaje a Londres de este verano. Se trata de un grupo de música que toca en la calle (aunque también tengo entendido que dan espectáculos en bares y pubs). Es cerca de Columbia Road, en el barrio de Hackney, al este de la ciudad. Es la zona que más me gusta de Londres, por el ambiente que hay, entre bohemio, vintage y muy vanguardista. Uno de mis lugares favoritos entre los que he visitado hasta ahora.

 

Para la fotografía de la vista urbana he elegido una del que para mí es el corazón de Murcia: la Plaza de Santo Domingo.

Está en el centro de la ciudad, rodeada por el antiguo entramado urbano medieval de época andalusí que da lugar a hermosas calles como la Platería o la Trapería, por donde, desde muy pequeñita, me encanta pasear, viendo escaparates, mimos y, simplemente, la gente pasar.

Es uno de los lugares de Murcia con más vida, puesto que, aparte de ser uno de los sitios más céntricos, la Universidad está al lado, y siempre hay gente tomando café en las terrazas, niños jugando, jóvenes en grupos y pequeños espectáculos. Echo de menos comprar golosinas y sentarme con mis amigos en un banco a ver el tiempo pasar. Qué bonitos recuerdos…

Vista de la Plaza de Santo Domingo (Murcia). Cristina Ruiz. 7/12/2011

En esta fotografía no se aprecia ni el movimiento, ni el gentío, ni la vida de la plaza, porque en Murcia, como en todo lugar (sobretodo del sur), la gente huye del frío y se refugia en cafeterías y pubs. Pero me encanta la luz de la plaza por la noche, tan cálida y acogedora. Hogar, dulce hogar.

Quería hacer una entrada exclusivamente para recomendaros la película de Salvador (Puig Antich). Está basada en la historia del joven idealista Salvador Puig Antich, miembro de un grupo de inspiración anarquista (MIL) que se embarca en una serie de atracos a fin de conseguir fondos para sus actividades de oposición a la dictadura. Acusado de matar a un guardia civil y juzgado por un tribunal militar, con numerosas irregularidades, es sentenciado a muerte. La película muestra los intentos desesperados de su familia, compañeros y abogados por evitar su ejecución.

Es, sin duda alguna, una de las películas más duras que he visto. Lo peor es el hecho de que los sucesos sean reales, que realmente hubo gente que murió por perseguir sus ideales e intentar hacer de éste un mundo mejor.

En 1974, mientras Salvador esperaba su ejecución y el mundo se movilizaba para conseguir su indulto, Joan Miró pintó la serie La esperanza del condenado a muerte.

“Es raro, pero a la vez significativo, que yo acabara aquella obra el mismo día que ejecutaron con el garrote a aquel pobre muchacho, Salvador Puig Antich. Terminé el cuadro el mismo día que lo mataron, sin yo saberlo: una línea negra sobre un fondo blanquecino, una línea negra como un hilo que alguien corta porque tiene la fuerza y ​​nada de piedad”. 

Joan Miró

Siempre he sentido fascinación por el Surrealismo, por ver de alguna manera conceptos fuera de lo “normal”, plasmados en algún lugar. Hace ya tiempo visité una exposición sobre el Surrealismo, y, aunque no recuerdo mucho, sí que perdura en mí esa curiosidad por lo extraño, lo “anormal”, irracional (o demasiado racional a mi modo de ver), o ajeno a convenciones en el arte. Así que, cuando me dijeron que en el IVAM había una exposición sobre esto, no lo dudé, y decidí que no habría mejor oportunidad para hacer una de las entradas del blog.

Aunque sé de otros compañeros que han subido alguna entrada a sus respectivos blogs sobre esta exposición, pienso que es interesante ver el punto de vista de cada uno, pudiendo así comparar diferentes gustos y formas de ver el arte. Porque aunque todos miremos lo mismo, cada uno lo ve a su manera, y saca de cada experiencia ideas para nada similares.

El título de la exposición es SURREAL VERSUS SURREALISMO EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO (Surreal versus Surrealism in Contemporary Art).

“El surrealismo ha dado imagen a un mundo de sueños y deseos inconscientes, teorizando la posibilidad de que la obra pudiera nacer sin la mediación de la razón, a través del automatismo. El artista de hoy, por el contrario, considera que el recurso al mundo de los sueños y al automatismo ha dejado de ser el instrumento para llevar adelante nuevas experimentaciones formales. Extraño al surrealismo, el arte de lo surreal hace referencia al mundo real, del cual analiza las relaciones entre los individuos y el poder, los desarrollos geopolíticos, el nuevo modo de entender la relación entre naturaleza y ciencia, una aproximación distinta a la espiritualidad, los mecanismos -cada vez más perfeccionados- de inducción al consumo de productos que no necesitamos. Por efecto de la difusión popular del Photoshop, la fotografía ya no representa la expresión de lo verdadero: la frontera entre lo verdadero y lo falso se ha reducido cada vez más“.

Este es el texto con el que da comienzo la exposición. Si el Surrealismo ha sido el espejo de los trastornos del inconsciente del individuo, que se representan en la obra de arte, lo Surreal es el espejo de lo real que se proyecta en el inconsciente del individuo, creando trastornos.

La exposición está dividida en cuatro secciones, ordenadas en orden cronologico y que contiene cada una de ellas obras pertenecientes a una década distinta (desde los ochenta a nuestros días). Todas las salas tienen paredes blancas lisas, y suelo claro también, de manera que al entrar, da una sensación espacial de amplitud, sin límites. Se crea una luz uniforme blanca en toda la estancia gracias a focos situados en el techo que inciden sobre la parte de arriba de la pared, no perturbando nuestra visión de las obras. Con respecto a esto, he de decir que me parece que tanto la distribución expositiva como la iluminación (y la presentación en general) están muy cuidadas, y me parecen muy apropiadas.

Y ya sin más preámbulos, os dejo con una selección de las obras que más llamaron mi atención.

Anastasia, 1994. Ines van Lamsweerde & Vinoodh Matadin

Esta imagen representa el lado oscuro del personaje, escondido en un cuerpo moldeable. La máscara es el elemento perturbador que confiere un carácter surreal a la imagen.

En esta imagen podemos observar la distribución de tres obras en la exposición, más detallada la de arriba a continuación.

Sirenas (Sirens), 2001. Nüremberg.

Esta colección de doce esculturas nos habla del vínculo entre el ser humano y la naturaleza, presente en la mitología, historia, literatura…

Man Comming Out of the Woman (Hombre saliendo de la mujer), 1993. Robert Gober.

El hiperrealismo de la ejecución hace de esta obra algo alarmante, como si mostrara algo real.

Charlie don’t surf (Charlie no hace surf), 1997. Maurizio Cattelan.

Al estar contra la pared, cuando entras a la sala lo único que contemplas es la espalda de un niño sentado en un pupitre. Es únicamente al aproximarte cuando ves la obra real. Charlie es el nombre  con el que los soldados americanos denominaban a los del vietcong, y la frase del título (pronunciada por un teniente coronel) fue asumida por la cultura underground en 1980 al convertirse en título de una canción de The Clash, uno de mis grupos de música favorito, todo sea dicho.

Untitled (Head with Tools), 2009. Tony Oursler.

Esta es, sin duda alguna, una de las obras más impactantes de la exposición. El plato fuerte, diría yo. Se mezcla aquí escultura, vídeo y sonido para crear una obra que se basa en la relación entre fantasía-realidad, necesidades primarias-exigencias espirituales…

The Future of the Planet (El futuro del planeta), 2009. Marc Quinn.

Tras estudiar una de las obras de Marc Quinn en clase, mi curiosidad me llevó a investigar un poco sobre él, y he de admitir que me encanta su trabajo. Esta obra en concreto es muy interesante. Trata del “memento morti” desde otro punto de vista. Se representa lo que será la vida futura de nuestros átomos.

Para concluir, sólo quería recomendar esta exposición. Creo que es muy interesante este tipo de arte por todo lo que sugiere. Porque a mí al menos me da qué pensar, y eso es algo muy bueno, a lo que a menudo no le damos la importancia que se merece. Y porque me resulta muy divertido ver ciertas cosas que no puedo ver en la “vida real” pero que, sin embargo, de alguna manera, están “ahí”.

¡Sonríe!

Ésta es una de las frases que más podemos escuchar a la hora de hacernos una foto. Y es que no nos gusta recordar más que los buenos momentos, obviamente, y tendemos a intentar olvidar los malos.

Pero lo que está claro es que sin pena no hay alegría. Sólo al conocer la tristeza somos capaces de disfrutar de cada segundo de felicidad.

Eso es lo que quería mostrar en esta fotografía: la alegría, la felicidad. Porque es fundamental aprender a disfrutar estos buenos momentos. Agarrarlos y no dejarlos escapar, porque no vuelven. Y cuando se hayan ido, no olvidarlos bajo ningún concepto. Tenerlos en mente hasta que lleguen los próximos y se lleven nuestras penas poquito a poco.

Fotografía: Sonríe. Cristina Ruiz. 28/11/2011

Por eso he elegido esta foto en especial. Porque me encanta la espontaneidad generada por el leve movimiento y por lo mucho que me transmite lo anteriormente dicho. Quizás es por la persona retratada, con su risa contagiosa o sus divertidos comentarios, lo que me hace recordar tan buenos momentos y tantas risas, pero espero que, aunque muchos no le conozcáis, podáis ver en esta foto lo que yo veo: alegría.

“Los Tudor” es una serie de televisión basada en el reinado de Enrique VIII de Inglaterra.

Personalmente, creo que es una magnífica serie. Mezcla altas dosis de amor, violencia, intriga, venganza, sensualidad, alta política, vanidad… en un drama histórico en el que, si bien se han tomado ciertas libertades con respecto a nombres de personajes, fechas históricas, relaciones o apariencias físicas, se ha sabido reflejar la época en la que se desarrollan los acontecimientos con gran fidelidad.

Pues bien, el otro día, viendo un capítulo, me sorprendió ver aparecer al que sería Hans Holbein pintando el retrato de una de las amantes del rey. Un retrato muy similar a la Venus del espejo de Velázquez. Así que, investigando, me he dado cuenta de que son muchas las ocasiones en que la serie hace referencia a distintas obras de arte. Aquí incluyo algunas de ellas.

Esta es la escena de la que antes hablaba, en la que aparece Hans Holbein y su pintura de lady Ursula Misseldon, amante del rey.

Diego Velázquez. La  Venus del espejo. Ca. 1648-51

Gabrielle d’Estrees y la duquesa de Villars. Ca. 1594

Una de las famosas pinturas de bailarinas de Degas

Los diseñadores de vestuario de la serie dicen haberse inspirado en Degas y Balenciaga para la elaboración de estos trajes de época.

Kathering Howard, una de las esposas del rey, con joyería inspirada en un retrato de Carolina Bonaparte