Reflexiones sobre el tiempo (en la distancia).

(Lucía López Hidalgo, Agosto 2009)(Fotografía: Distancia, Lucía López Hidalgo. Agosto 2009)

– Pequeña,… Aprovecha la vida, ponte metas, haz grandes cosas, cumple tus sueños… y sobre todo, sé feliz, sea cual sea la manera de serlo. Intenta no malgastar ni un segundo de tu existencia, porque el tiempo nos atropella… Su forma física de demostrarlo es la velocidad de los segunderos de un reloj, y el período que nos da para aceptarlo es la noche. Pero no es suficiente, el tiempo nos gobierna… Y lo curioso es que lo aceptamos sin oponernos. Es más, no sabemos vivir sin él…
– Papá, es un bebé… No te entiende…
– Querida, nacemos entendiendo, pero olvidando…
– ¡Eso es ridículo! ¿Y qué te hace pensar que en su caso va a ser distinto?
– Nada. No creo que vaya a ser diferente.
– ¿…Entonces?
– Verás,…Cuando yo nací, nadie me advirtió sobre la dictadura a la que nos somete el tiempo; ni cuando empecé el colegio, ni cuando terminé la universidad, ni cuando me casé con tu madre, ni en tu nacimiento, ni en mi jubilación,… Simplemente no quería cometer el mismo error.
– Cuando yo nací, ¿también me hablaste de ello…?
– No, hija… Creo que todavía no era consciente de ello.
– ¿Y cuándo te diste cuenta de que la vida es tan corta…?
– Ése es el gran error… La vida no es corta. La duración de un segundo es invención del hombre. Somos nosotros los que nos hemos condicionado, y hemos decidido que la vida sea corta. Si por lo que preguntas es por el día que fui consciente de que el tiempo pasa por encima de nosotros sin importarle cómo nos deja, te diré que fue el día de la muerte de tu madre. Nunca he mirado hacia delante, ni ella tampoco. Nos limitábamos a hacer lo que nos apetecía, y a disfrutarlo. Si un día al despertarnos queríamos hacer un viaje, horas después estábamos de camino; si nos cansábamos de vivir en un cierto lugar, esa misma tarde buscábamos una nueva casa. Por suerte, nuestros trabajos nos lo permitían. Cuando naciste tú, tuvimos que poner más estabilidad en la casa. Nos dedicamos a ti. Y una vez que fuiste mayor y empezaste tu vida fuera de casa, ya éramos mayores y nos habíamos acostumbrado a esta nueva vida. Pero medio año antes de su muerte, encontramos un folleto de viajes debajo de la puerta. Ambos coincidimos en que queríamos ir a Venecia, ya que allí fue nuestro primer viaje juntos, y sinceramente, no esperábamos viajar mucho más. Así que queríamos terminar por donde habíamos empezado… Si hubiese aparecido esta oportunidad unos años antes, ese mismo día habríamos hecho las maletas y nos habríamos ido en el primer avión posible, pero en esa época andábamos cortos de dinero, así que decidimos ahorrar durante una temporada para nuestro último viaje. Ya conoces el resto de la historia,… el tiempo… No nos dejó acabar… Nos llevó por delante, no le importó romper un sueño, aunque fuese el último… Nunca habíamos hecho planes por esta razón; si dejas un espacio considerable de tiempo entre el día que decides hacerlo y el día que lo haces, hay una gran posibilidad de que se interrumpa todo… Por eso quiero que, si no estoy yo aquí para recordárselo, seas tú la que se dedique a repetirle cada día que tiene que burlar al tiempo para ser feliz, hasta que deje de olvidarlo…

Pero no hizo falta… Éste es el primer recuerdo que tengo de mi vida. Mi madre nunca ha llegado a creérselo del todo, ya que tuvieron esta conversación cuando yo sólo tenía un par de semanas. Celebré únicamente mis cinco primeros cumpleaños; confié en sus palabras y dejé de contar los años, los días, las horas… No quería atarme a ese invento nuestro que nos tortura, pero que no rechazamos. He visto gente llorar al soplar esas velas que nos marcan, y gente realmente apurada por no cumplir sus objetivos a corto plazo… He viajado, he leido, he disfrutado, he soñado, he sentido,… He hecho todo lo que quería hacer sin tener un plazo que me retase. He sido feliz. No he necesitado esa amenaza para estar alerta. Esa amenaza que la mayoría necesitáis para ser alguien. Vivís encadenados. Os cohibís de hacer todo lo que queréis porque el día no deja hueco a tantas cosas… Cuando llegáis al final, pensáis que no habéis tenido “tiempo” para hacer todo aquello que os gustaría…

Y es que pasáis vuestros días repartiendo sueños entre horas en las que sólo caben planificaciones interrumpidas por minutos inalterables…

(Lucía López Hidalgo, Reflexiones sobre el tiempo en la distancia. 14- Octubre -‘09)

3 comentarios
  1. Peggyisthequeen dijo:

    ¡Cuánta razón! Es un error dejar para después las cosas hermosas que podemos hacer ahora. No sé por qué siempre lo olvidamos… o lo recordamos cuando ya se ha perdido la oportunidad. Es cuestión de aprender.

  2. jf2l dijo:

    Interesante reflexión. ¿Sería capaz el Sr. conejo de “Alicia en el país de las maravillas” de llegart a esta conclusión? ¿qué objetivo vital (si es necesario tener un objetivo vital, que no lo tengo claro) se plantearía al dejar de correr de un lado para otro?

    • No había pensado en un ejemplo tan claro de alguien que vive encadenado al tiempo de esa manera…
      No deja de ser otra metáfora de lo que somos al fin y al cabo todos.

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